
La pequeña Laura pasó una parte importante de su niñez en un caserón antiguo que funcionaba como Orfanato de Niños, hasta que fue adoptada y llevada lejos de ahí. Muchos años después Laura, que sigue pensando en su niñez, vuelve al orfanato con su marido y su pequeño hijo Simón con la intensión de reabrir el lugar para ayudar a niños discapacitados.
Con su marido, que es médico, y los recursos necesarios para comprar y arreglar el caserón, Laura da inicio a su plan de acción mientras intenta apaciguar los ánimos de Simón, que comienza a comportarse de manera extraña, asegurándole que cuando lleguen los demás niños tendrá muchos amigos con quién jugar. Sin embargo Simón, lejos de estar solo, le comenta a Laura que él ya tiene amiguitos con quién jugar dentro de la casa… el problema, es que sus amigos “imaginarios” ya comienzan a tomar un tinte medio oscuro dentro del lugar y la situación, y Laura se da cuenta que Simón está cada vez más fuera de su control.
Del mismo director de “El Laberinto del Fauno”, Guillermo del Toro nos sorprende ahora con una historia cruel y descarnada que, como las anteriores, no teme escarbar en lo profundo de la naturaleza humana y los temores para personificar los miedos en su máxima expresión, sin importar el género, momento o edad de los protagonistas, sometiéndolos (nos) a toda clase de torturas psicológicas y arrastrando, de paso, a los telespectadores junto a la marea de emociones que desencadena la película.
En resumen, más que una película de terror, el Orfanato apela a los propios temores y experiencias, resultando de esto una película dramática y triste, de fácil interpretación pero indudablemente más femenina que masculina de acuerdo a la naturaleza luchadora y persistente de su protagonista. Bastante buena.